sábado, 27 de noviembre de 2010

Presentaron Libro Los Cacatai

Estudio del antropólogo Abner Montalvo Vidal hace importantes revelaciones sobre la existencia de los indígenas Kamano también conocidos como indígenas Kakataibo en aislamiento.
Con abrumadora cantidad de público, fue presentado el libro Los Kakatai del antropólogo Abner Montalvo Vidal, quien editó este libro luego de haber convivido con los cacataibos durante  57 años por el río San Alejandro.

La obra fue presentada en forma coordinada entre la Municipalidad de Coronel Portillo, Equipo Selva Central Norte del Instituto del Bien Común y la Federación Nativa de Comunidades de cacataibos FENACOCA, la misma que presenta la historia oral de los kakatai pueblo indígena de la amazonía peruana.

Luisa Elvira Belaúnde, quien escribe el prólogo de este libro, sostiene que encontró un testimonio de vida riquísimo sobre la cultura de los cacaitos; pero también de tiempo traumáticos por mucha violencia que les ha conllevado a tener conflictos internos y que gran parte de los indígenas no tienen las defensas inmunológicas, para protegerse contra las enfermedades, como la gripe, el sarampión, el cólera, que mató a mucha gente.

Ella, recomienda leer el libro para poder comprender la historia de esta etnia indígena, sobre la historia pasada, que también cuenta de las emociones y futuros. De igual modo, comprender del derecho que tienen de su territorio y que es importante, que se apliquen las leyes para las concesiones internacionales, de las cuales el Perú ha suscrito.

El estado debe darles mucha importancia, sobre todo cuando hay un crecimiento desbordado de las actividades extractivas en el país, por el cual se necesita planificación y respeto a los derechos a los pueblos originarios, puntualizó. F. Romero. Diario Ahora.

Nota de la Editorial IBC

Los Kakatai, etnia amazónica del Perú, presenta la historia oral de los Kakatai, pueblo indígena de la Amazonía peruana, tal como la recogió el antropólogo Abner Montalvo Vidal hace 57 años, cuando convivió con los Kakatai del río San Alejandro, afluente del Ucayali. Montalvo es doctor en antropología por la universidad de Cornell y ha ejercido la docencia en la Escuela de Negocios (ESAN) en Perú y se ha desempeñado como profesor invitado en diversas universidades de Norteamérica y Europa. 

El libro se divide en dos partes, la primera contiene relatos sobre los orígenes, migraciones, divisiones en macrofamilias, guerras contra otras etnias y luchas contra los caucheros. La segunda parte presenta su visión y sus vivencias del mundo invisible o sobrenatural y la fuerza que estas tienen en la vida cotidiana. Según Margarita Benavides, subdirectora del IBC, aparte de su evidente valor antropológico el referido estudio reviste un interés particular para el IBC al presentar información relevante a la existencia de los Kamáno –hoy conocidos también como los Kakataibo en aislamiento-, una de las macrofamilias kakatai que a raíz de las correrías de los caucheros se refugió en las zonas más remotas del río San Alejandro. Desde 1999 la Asociación Interétnica de la Selva Peruana (AIDESEP) y la Federación Nativa de Comunidades Cacataibo (FENACOCA), con el apoyo técnico del IBC vienen solicitando al Estado peruano la creación de dos reservas territoriales para proteger a este pueblo amenazado de extinción por la presión que ejercen sobre su territorio ancestral colonizadores, madereros ilegales y por la extracción de hidrocarburos.

Cantos mercenarios para las guerras del amor


Salvith Rodríguez Brito, Mari Segura Canya y la hermosa Rebeca, todas ellas profesoras de la especialidad lengua 
y literatura, presentaron el libro “Cantos mercenarios para las guerras del amor” del Grupo literario Maldita Boa en la ciudad de Pucallpa.


Esta obra que tiene como autores a Juan Sánchez Pacheco, Walter Pérez Meza y Jorge “Joyo” Salazar Saldaña, explora las posibilidades de la literatura actual y popular, presentando estos textos poéticos, con un tema siempre actual; el romance y el amor.


GRUPO LITERARIO «MALDITA BOA»


Grupo dinamizador del quehacer literario de Pucallpa, se formó en el año 1993, como producto de una reunión casi mágica. Los tres integrantes del grupo, se encontraron como si alguien los hubiera citado, a las orillas del río Ucayali, donde comenzaron a beber y a compartir anécdotas, sueños, esperanzas y la aventura de viajar inesperadamente hacia el Inomapuya, un río ubicado a 30 kilómetros de Pucallpa, donde surgió el nombre: primero como identificación amazónica, surgida de la denominación que le dan los extraños y segundo como reivindicación literaria y tercero como estilo de vida de los tres integrantes. Sólo tres. Nadie es presidente, secretario o tesorero. Las responsabilidades se comparten. Cada semana hay una reunión que se puede realizar en cualquier lugar, para conversar sobre literatura, sobre la vida, sobre los temas del momento, para compartir lo producido, para plantear alguna actividad, o simplemente para escuchar la música del bosque y la música popular y culta, descubriendo la poesía escondida en cada frase por trivial que sea. El Grupo ha impulsado una serie de encuentros literarios regionales, hasta hace tres años, en que otros grupos, formados también a impulso de «Maldita Boa», han tomado esta actividad en sus manos. Cada año, el encuentro designa a un nuevo grupo para encargarse del encuentro del año siguiente. Lo que sí organiza cada año el Grupo Literario «Maldita Boa», es la Fiesta de Boas, que se realiza el Día del Poeta Peruano, 15 de abril, en recuerdo de César Vallejo.

El Grupo ha impulsado, también, publicaciones: ha editado las revistas «Maldita Boa», «LEA» (Literatura, Educación, Arte), «Topus Uranus» (poesía de todos aquellos que escriben y se atreven a publicar ) , «La cushma». Los integrantes de este Grupo son: Juan Sánchez Pacheco, escribe sobre todo poesía y se aboca a la edición de textos; Walter Pérez Meza, se dedica a la narrativa y ocasionalmente poesía; Jorge Luis Salazar, abarca poesía y narrativa, los tres se dedican a la docencia. Cortesía Diario La Primicia de Huancayo
.



lunes, 18 de octubre de 2010

Muestra: La selva te conecta





Fachas: Del jueves 21 de octubre del 2010 al 07 de noviembre a las 17:30
Lugar: Centro Cultural Parra del Riego, Av. Pedro de Osma 135, Barranco

La Plataforma Cultural Amo Amazonia tiene el agrado de invitarlos a la inauguración de su muestra LA SELVA TE CONECTA: Instalaciones artísticas, Fotografías, Infografías y Arte inspirado en la Amazonía.

Día: Jueves 21 de Octubre 2010.
Hora: 7:30 pm
Lugar: Centro Cultural Parra del Riego, Av. Pedro de Osma 135, Barranco.
La muestra estará expuesta hasta el 07 de noviembre.
Sírvase confirmar su asistencia: amo@amoamazonia.org
Teléfono: 4441258

viernes, 8 de octubre de 2010

Amo Amazonía en Tarapoto

Proyección de película



Domingo 10  a las 4:00

Stonewasi, Jr. Lamas, Tarapoto

La selva invisible, del artista Brus Rubio


Curada por Christian Bendayán
Se inauguró el  martes 5 de octubre a las 7.00 pm.
Galería de Artes Visuales del Centro Cultural Ccori Wasi Universidad Ricardo Palma.

El arte bora – huitoto llegó apoderarse de la capital. El artista amazónico, Brus Rubio, reconocido por sus cuadros con cosmovisiones desde lo cotidiano, ceremoniales, entre otras expresiones presentará una muestra de sus trabajos más notables.

Esta exposición denominada “La selva invisible”, curada por Christian Bendayán, se inauguró el 05 de octubre en la galería de artes visuales del centro cultural Ccori Wasi, esta actividad cultural es promovida por la universidad Ricardo Palma que apuesta por el talento de nuestros hermanos indígenas.

Brus Rubio Churay es un joven de origen bora-huitoto, nacido en 1984 en Pucaurquillo (río Ampiyacu), zona donde se han producido algunos de los más graves atentados contra el ecosistema amazónico.

Brus nos revela un sinfín de conocimientos; la cosmovisión huitoto – muray, aquella selva invisible que dibuja sobre corteza de llanchama, con colores extraídos de hojas, tubérculos, frutos, semillas y tierras, como para que recordemos nuestra identidad y responsabilidad como amazónicos.

“La historia del pueblo huitoto-murui está marcada por la terrible época que vivió durante el auge de la extracción del caucho, tiempo en que sufrió el abuso y la explotación, al punto de ser casi exterminado. Actualmente una de las poblaciones huitoto-murui más extensas está ubicada en los márgenes del río Ampiyacu, en el pueblo de Pucaurquillo, donde conviven boras y huitotos y se viene generando una corriente de artistas jóvenes profundamente comprometidos con su identidad amazónica”.

Con frecuencia Brus Rubio se reúne con el curaca en la maloca que está en medio de Pucaurquillo, para aprender las historias, los mitos, los cantos y danzas tradicionales de su pueblo. Entre rituales con ampiri y coca, aquel conocimiento que se transmitía de modo oral, generación tras generación, toma forma y color, convirtiéndose en poderosas imágenes que continuarán compartiendo su mensaje, tal como retumba un manguaré. Así, Brus nos revela la cosmovisión de su pueblo, aquella selva invisible que dibuja sobre llanchama con colores naturales. (MIP) Info Región.

Homenaje a Miguel Hernandez


lunes, 13 de septiembre de 2010

Muro de inspiración y un Cuento


La sabiduría en las historias de Roger Rumrrill, la genialidad en la prosa de Cesar Calvo Soriano, la belleza en los poemas de Germán Lequerica y Ana Varela, la magia amazónica descrita en los cuentos de Francisco Izquierdo Ríos, Orlando Casanova, José Luis Jordana, Víctor Morey Peña, Arnaldo Panaifo Teixeira, Juan Saavedra Andáluz y Luis Urteaga Cabrera; el compromiso literario en las novelas de Ciro Alegría y Jaime Vásquez Izquierdo; las laboriosas investigaciones de los antropólogos André Marcel d’Ans y Jeremi Narby, la pasión y entrega del investigador Finlandés Pekka Soini, las bellas letras que hablan del pueblo amazónico en las canciones de Raúl Vásquez y Pepe Peña, las divertidas creaciones musicales de Eliseo Reátegui y los Solteritos, las populares composiciones de Javier Isuiza.

Las imágenes evocadoras del tiempo en la pintura de Cesar Calvo de Araujo, la búsqueda de lenguaje propio en el arte de Nancy Dantas, la magia y el espíritu amazónico en los cuadros de Gino Ceccarelli, las hermosas tintas del ilustrador Belga Zoltán Keserü, la paciencia y creatividad de Harry Chávez, la espiritualidad de selva en la obra de Pablo Amaríngo y el exotismo popular de Christian Bendayán.

También he podido sentir la influencia de algunos periodistas y locutores de radio de mi ciudad: las divertidas mañanas con Tito Rodriguez Linares, el popular “Shicshi” y su fiel amigo “Ashishito” don Manuel Iglesias, los despertares con la fuerte voz de Rusbel Vasquez Cohelo, las “Rondas policiales” de Humberto Vela Melendez en radio Atlántida, los programas esotéricos y del mundo extraterrestre con Sixto Pax, así como las opiniones entrometidas de don Demetrio Diaz Souza en su programa “Carta Blanca”।

Todos ellos con una visión particular del mundo amazónico।

Venga, venga, venga la hora Inca Kola, que da la hora en todo el Perú… La hora Inca Kola… Es la hora del CUENTO!

Una noche, cuando estaba cumpliendo mi servicio de guardia junto a otro compañero, en una de las zonas de frontera con Colombia, nos sucedió algo muy extraño, alrededor de la medianoche, de repente, escuchamos un ruido entre la maleza, al principio pensamos que se trataría de algún enemigo, pues eran tiempos de guerra, yo y mi compañero decidimos ir a ver de qué se trataba. Nos metimos entre las hierbas altas sigilosamente y no encontramos a nadie. Ambos nos sentimos muy extrañados pues los movimientos entre la maleza habían sido muy evidentes, estábamos seguros de que no era un animal.

Pasados unos minutos de calma nos convencimos de que podría haber sido el viento, lo que seguíamos considerando raro ya que el viento no suele soplar en espacios limitados y la verdad era que hacía mucho calor, no había ni una brisa fresca. Muy extrañados y nerviosos, empezamos el camino de regreso hacia la caseta donde hacíamos nuestra guardia, en ese momento, alguien o algo, tiro nuestros cascos al suelo. Esto nos puso en alerta y con ayuda de una linterna, intentamos ver de quien se trataba. ¡Pero no había nadie!

Esta situación nos puso más nerviosos, por lo que decidimos sacar unos cigarrillos y calmarnos con el tabaco. Solo que cuando intentábamos encender los fósforos, ráfagas de viento los apagaban. Cada vez mas asustados y con la piel erizada, empezamos a presentir de quien se trataría. * El tunchi, dijimos en voz baja.

Ambos intentamos armarnos de valor y nos pusimos a conversar en voz alta, esto nos ayudo a calmarnos hasta llegar a la caseta de vigilancia, una vez allí, volvimos a intentar encender nuestros cigarrillos, esta vez no hubo más ráfagas de viento y conseguimos encenderlos, pero… justo cuando creíamos que el tunchi ya se había retirado, repentinamente, el cigarrillo que yo tenía en la boca, me fue retirado bruscamente, yo y mi compañero quedamos atónitos y aterrados, viendo como la punta roja del cigarrillo, aun encendido, avanzaba suspendido en el aire hasta perderse en la oscuridad de la noche…

Cuento que sera publicado en proximo libro titulado:
DE TUNCHIS, BRUJAS Y CHULLACHAQUIS.

RAFO DIAZ - Narrador


Fuente: http://rafodiaz.blogspot.com/

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Conversatorios

Documental del Pueblo Achuar premiado a nivel internacional
La travesía de Chumpi obtuvo el premio Gillo Pontecorvo al mejor filme en el Primer Festival de Cine Documental de Medioambiente Latinoamericano realizado en Roma, Italia.
El documental presenta por primera vez el santuario secreto de este pueblo, amenazado por las concesiones petroleras. La historia es narrada por un niño de 9 años llamado Chumpi, quien junto a su abuelo el Apu Irar, nos hará conocer uno de los bosques más sanos y con mayor biodiversidad de la amazonia.

Sinopsis:
Los pobladores de Chicherta, una pequeña comunidad Achuar de la Amazonía peruana, quieren proteger su santuario secreto de la llegada de las empresas petroleras a las que se les ha concesionado este lugar sagrado y también gran parte de su territorio. El viejo Irar guía a su nieto Chumpi y a un grupo de la comunidad en una expedición cruzando los ríos y bosques más sanos de la selva para revelar al mundo- por primera vez- la existencia de su santuario.

Una producción de la Federación de Nacionalidades Achuar del Perú, Racimos de Ungurahui, Shinai, Teleandes Producciones.

Dirección y fotografía: Fernando Valdivia
Guión: Fernando Valdivia, Héctor Gálvez
Producción Ejecutiva: Aliya Ryan, Tania Medina, Gregor McLennan
Producción en Campo: Andrea De Echave
Imágenes adicionales: Alex Giraldo
Asistencia de Cámara y Luces: Alex Giraldo, Percy Pacco
Sonido y Asistencia General: Angel Mozombite, Alvaro Zavala
Edición y Post producción: Gustavo Sánchez, Carlos Marín, Fernando Valdivia.
Banda sonora: Pepe Chiriboga.

Premios:
FESTIVAL ESPEJO 2010, Comunidad Andina y Nómadas- Perú Premio Integración Mención especial del jurado.
TAC FESTIVAL 2010, The Archaeological Channel Festival– Oregon, USA. Mención especial del Jurado. Mención honrosa a mejor guión. Mención honrosa a mejor fotografía. Mención honrosa por su fuerza inspirativa.
PRIMER FESTIVAL DE CINE DOCUMENTAL DE MEDIOAMBIENTE LATINOAMERICANO – Roma, Italia. Premio Gillo Pontecorvo al mejor filme.

Fuente Servindi

martes, 31 de agosto de 2010

DE NUEVO EN SAPOSOA
Luis Salazar Orsi

He venido de nuevo a Saposoa, para quedarme, después de un buen tiempo. Ahora se trata de una visita muy especial. Esta vez me siento como vine al mundo: solo, completamente desnudo (o casi), porque vine para celebrar el centenario de Pancho Izquierdo, pues ahora me tocó visitar a alguien que tantísimas veces fue a ver a la gente que quería o admiraba. Esta visita es asunto personal o particular, pues yo no lo conocí en vida. Además, el encuentro se da en la propia tierra natal del escritor. Privilegio de pocos…

I
Saposoa actualmente es un lugar donde aún se puede escuchar palpitar el corazón de la vieja Amazonía; aquí se respira todavía aquel inconfundible olor de antaño, de jazmines, poncianos, cashos, mangos y cucardas. Por los espacios blancos y aireados de Saposoa se siente el paso de los antiguos, se escucha el parloteo de nuestros abuelos, sutilmente sumergidos en el éter. “Aquí se ha detenido el tiempo”, dirán algunos. Es cierto.
Por ejemplo, hoy (viernes 27) por la tarde empezó a oscurecer, y, como por magia, no se prendieron las luces artificiales en ninguna parte de la ciudad. Entonces pudimos observar sin estorbos el enorme disco lunar de color gris anaranjado, las nítidas estrellas, el silencio, y las alcuzas y lámparas de las casas que derramaban sus franjas amarillentas hacia las calles; escuchar la terca grillalada que se afanaba con sus coros… y ver las luciérnagas que volaban por media calle, a la altura de nuestras cabezas!
En Saposoa son casi las 7 de la noche y no hay fluido eléctrico. Es hermoso ver, de tiempos, este fabuloso caer de la noche, tan sonorizado y misterioso. Otro privilegio, de los mayores. Así tardaremos hasta casi las diez de la noche, en que se irá de repente el encanto que la noche marca en los villorrios de la selva y en nuestros ojos, en nuestros cerebros y en nuestros corazones… ¡la eternidad!

II
En llegando nomás encontré mi premio mayor: ver, tocar y hasta leer —recostado en el pastito de la plaza de armas— varios libros originales del maestro Izquierdo Ríos, algunos de los que yo no había visto jamás, que se exponían a los cuatro vientos en un toldo de la plaza principal del pueblo. Uno de esos libros era El árbol blanco; otro, La tierra del mañana; otro, La tierra de los árboles…
Me sentí tan emocionado que me compré un original y cuatro fotocopias de las obras de Pancho. De yapa me regalaron la copia de un documento publicado en 1988, en Iquitos, con una bibliografía de Francisco Izquierdo Ríos (FIR). Las copias fueron las novelas Belén, Días oscuros, En la tierra de los árboles (novelas) y el ensayo La literatura infantil en el Perú.

III
Otra gran satisfacción de esta visita dedicada a Pancho fue encontrarme con mi amigo Darío Vásquez Saldaña —escritor natural de Piscuyacu, pueblo vecino a Saposoa— quien, sin dejar de reír a mandíbula batiente, me llevó a cierto sector de extramuros denominado La muyuna, donde me mostró, con pelos y señales, aquel cuerno líquido —ahora ya detenido en el tiempo por la literatura— que forma el río Huallaga en un sitio donde él casi se ahoga de muchacho, en un instante de la vida en que su fiel caballo, el Cholo, le demostró que para ser solidarios o salvar vidas amadas no se necesita más que tener el corazón lleno de cariño. Y aquel caballo lo tenía…
Otros amigos que salvan el viaje, además del cálido aliento del mismo FIR, de Vladimiro Izquierdo y de Darío, son Benin Rengifo Paredes, Roldán y Marlon del Águila, Ana María Guerrero. Con ellos compartimos un café “de olla” en casa de una vecina del jirón Chorrillos, a dos o tres cuadras de la plaza principal de Saposoa, cuando las luciérnagas se paseaban tranquilamente por las calles de la ciudad.
Un día más tarde llegaría Raúl del Águila Rojas, que también viene en esta ocasión en su personal peregrinaje de amistad personal, por el escritor sanmartinense.

IV
La vida me regala compartir de nuevo momentos muy gratos con Vladimiro Izquierdo Huamán, reflexivo artista plástico y nieto directo de FIR. Conversamos como viejos amigos. Lo noto delgado, medio nervioso, con el perfil demasiado anguloso y la piel descolorida…
Vladimiro me muestra muchas fotos familiares de FIR en dos álbumes que porta consigo. Me regala un libro de su ilustre abuelo, editado en versión de lujo en España por la editorial Siruela. Me lo entrega dedicado. Un día después me regaló la fotocopia de un dinámico dibujo suyo, en blanco y negro.

V
Finalmente, se acaba el día 27 y avanza la noche. Ha desaparecido Darío y yo me quedo con las ganas de tomarme una cerveza. Tal vez mañana.
Me voy al hospedaje donde me alojé. Está completamente oscuro. El dueño no ha llegado, pero la hija, que ocupa la casa vecina, me abre y me hace pasar con toda confianza, con la misma sencillez con la que me recibió por la tarde, sin haberme conocido antes.

VI
Algunos de los cuentos de FIR que leí por primera vez en la plaza de Saposoa me han conmovido. En memoria de aquel valioso testimonio del más fiel escritor de la selva escribiré una breve historia que escuché no hace mucho en una comunidad awajún del Alto Mayo.

La luciérnaga y la nutria

Para FIR, in memoriam

En el mes de agosto, en los caseríos de San Martín, desde la densa oscuridad de la noche aparecen unas enormes luciérnagas de tres “focos” bien diferenciados: dos, muy encendidos, verde amarillentos y circulares, en un extremo de la cabeza, y el tercero mayor pero más opaco, casi anaranjado, debajo del abdomen. Algunos dicen que estos animalejos no son luciérnagas porque su luz es permanente y no intermitente como el de las luciérnagas comunes. Por eso las llaman “ayañahuis” (ojos de difunto), “cocuyos” o “carritos”, para diferenciarlas de las otras.
Con el caer de la noche, estos curiosos animalitos sobrevuelan silenciosamente los tambos de hoja de palma, poco a poco cruzan el umbral y se acercan a las alcuzas, las velas o las tuchpas (fuego del hogar) de la cocina, donde se afanan las mujeres y las hijas con el plátano asado, el rumo pango o el pescado. Más luego, cuando el padre y los niños se acercan a merendar, ya las luciérnagas han dejado de volar y caminan por todas direcciones alumbrando dobles caminitos de nítida luz dentro de la choza, por debajo de las hojas del techo, sobre los muebles, por entre la leña, etc.
Dice la madre: —¡Ya han llegado las luciérnagas para llevarle un poco de luz a la nutria! …Pero no podrán hacerlo. Ya lo verán.— Y narra para todos, sin dirigirse a ninguno de los presentes en particular, esta singular historia: “La ágil y curiosa nutria codicia el fuego de los hombres y quiere, como ellos, utilizarlo para asar los pescados que ha chapado. Levanta la cabeza, estira el alargado cuello, y, a través del follaje, mira con atención cuándo ya va a empezar a brillar la tuchpa del hombre. Lo hace una y otra vez. Poco después, el olfato se lo confirma: la mujer ya ha prendido su candela y se dispone a preparar la merienda. Entonces se sumerge al instante, se va al bosque y llama a la luciérnaga de tres luces, y le ordena: —¡Vuela rapidito y tráeme la candela del hombre para asar mi pescado!
“Entonces la luciérnaga sale volando en busca del fuego de los hombres. Cruza los bosques, los caminos, se acerca a los tambos, le da vueltas una y otra vez, se posa en los extremos de los techos, entra a la cocina, camina por las vigas, gira, circula. Finalmente, se acerca al fuego, toma un poco de candelita en su barriguita y se regresa rápidamente adonde le espera impaciente la nutria, soplando la candelita para evitar que se apague. Lamentablemente, quizá por causa de las brisas vespertinas que nunca faltan en el mes de agosto, por el apuro con que vuela o porque la boca muy grande le impide soplar como es debido, el fuego que lleva se le apaga y tiene que regresar una y otra vez en busca de otro poquito de candela. En ello se pasa toda la tarde, toda la noche, hasta que, cansada de tanto trajinar, se duerme apaciblemente… justo cerquita de las alcuzas, de las velas, o de las tuchpas! Apaga entonces el animalejo sus tres lucecitas y se queda profundamente dormida… hasta podríamos tocarla. Pero los niños, el hombre y la mujer ya han terminado de merendar y pronto van a dormir pues se sienten cansados por los trajines de la chacra y la cosecha. La dejan allí, la buscan al día siguiente, a la hora del desayuno, pero ya no la ven: ha desaparecido.
“Se dice que la nutria, que no llegó a recibir la candela, esperará impaciente el atardecer del nuevo día para volver a enviar a la luciérnaga por fuego, pero ésta de nuevo no lo logrará. Y así se repite la historia.”

VII
La noche del viernes 27 hubo dos eventos en memoria de Pancho: una serenata y una conferencia. La primera fue una verdadera trilla, la consabida chanfaina donde todo el mundo se mete, con lo que sea, al escenario: unas cinco horas perdidas de aburrimiento. Yo asistí a la segunda, que estuvo aceptable, pues pude conocer al doctor Luis Fernando Izquierdo Vásquez, sobrino de Pancho y hermano mayor de Orlando. El señor Izquierdo posee el perfil inconfundible de los de su estirpe, aunque se le nota ya un poco avejentado.

VIII
Hoy, domingo 29, antes de las siete de la mañana, se escucha la música típica de los indios lamistas, con clarinete, por las calles de Saposoa. Es que es el cumpleaños número cien del hijo más ilustre de esta ciudad: Francisco Izquierdo Ríos.
Dicen que FIR celebraba su cumpleaños los 29 de agosto. Nosotros seguiremos este deseo de Pancho. Hoy.

IX
Hubo sorpresas. Fuimos con Raúl a desayunar donde el riojano, residente en Saposoa, señor Víctor Vela Cubas, tiene un cálido hogar que comparte con la señora Olga Espinoza, su esposa. Estuvimos departiendo al compás de unos excelentes zumos de naranja cuando en eso llegó a la casa de Víctor el doctor Luis Izquierdo Vásquez, para desayunar con nosotros. Eso me dio la oportunidad de conversar de cerca con él y decirle que soy amigo de Orlando y que me operé para corregirme la miopía en su clínica de Lima. Ya no tuve opción de pedirle me diera o vendiera un ejemplar del extraordinario libro de cuentos de FIR, volumen I de su obra completa que piensa editar la editorial de la universidad de San Marcos, de Lima, de la cual él es rector. Un libro precioso. Lo vi hoy por la mañana.

X
Párrafo aparte merece un sitio de ensueño: la quebrada Shima, afluente del río Sapo, que se encuentra a unos diez km de Saposoa y que casi todos los participantes en el centenario de FIR visitaron, por su fácil acceso y sobre todo por el extraordinario lugar, un sitio por donde podemos estar bajo la sombra de muchos grandes árboles, arrullados y refrescados por la presencia cantarina de la quebrada, que ostenta en su lecho piedras medianas, grandes y, por sectores, enormes. Si se sigue el curso, dicen que se da con unas caídas de agua que deben ser la delicia del gusto más exigente.
Este momento me encuentro en Shima. Los árboles temperan muy bien el calor solar y el ambiente se vuelve fresco, de tal modo que las once de la mañana o las tres de la tarde parece que fueran las seis o seis y media de la tarde. La voz de la quebrada es permanente, arrulladora. Hay mujeres jóvenes y viejas, niños y niñas que retozan en medio de las aguas, generalmente sentadas sobre las piedras, algunas de ellas con lomos más o menos planos, como para sentarse por horas.
Delante de mí hay un trío de aves de colores que vuelan entre las oscuras copas de los árboles. Otro trío retoza a la orilla del Shima: son dos mujeres que tienen hermosas guedejas oscuras, una de ellas es joven y luce unas piernas cobrizas bien contorneadas, largas, sobre las que sostiene con extrema delicadeza a un pequeñín blanco como la leche; la segunda parece ser la abuela de la mujer joven. Ésta se sumerge y se baña, mientras la madre se jabona los miembros alargados y morenos, rectos y brillantes. Los cabellos de ambas son espesos, largos y negrísimos.


XI
Más tarde iré a casa de Víctor a recoger naranjas que me regalará para llevar a Rioja.
Ya estoy pensando en despedirme. Los amables ancianos, dueños del hospedaje donde me quedé, no me cobraron más que diez soles por los tres días. Por ellos, por FIR, por el bagrecico, por el silencio y las luciérnagas, me dan ganas de volver, de regresar, de quedarme en Saposoa.
Don Juan Rengifo, mi anfitrión, está muy acabado; vive resentido por una vida que se le escapa de las manos y que no le deja “hacer nada” por causa de problemas cardiacos. Pobre hombre. No aprendió a convenir con que la vida la tenemos todos prestada y que “si has cumplido con tu deber, morir no constituye ningún problema” (Trotski).

XI
El homenaje que le rindió Saposoa a su hijo más ilustre estuvo aceptable. Pienso que tuvo sus momentos culminantes, esto es, aquellos que hubieran gustado al escritor si los hubiera visto o escuchado, como el desfile de comparsas del día viernes 27, donde los escolares de Saposoa representaron, por aulas, muchos de los libros y los cuentos de FIR. En ese desfile hubo un joven engalanado por una máscara entera, casi perfecta, que imitaba la cabeza y el rostro del escritor. Era impresionante y todos los que estuvimos presentes, tuvimos la sensación de que el mismo escritor estaba allí, con todos nosotros.
Otro de los momentos importantes fue la exposición de originales de FIR; el primer volumen de sus obras completas, de 600 páginas, con todos los cuentos de FIR, editados por la universidad de San Marcos, y, por supuesto, la presencia, de los familiares de FIR, personas de excelente trato, muy generosas y cultas, a quienes siempre es una alegría encontrar, en cualquier recodo de la vida. Ya los mencioné: una hija, un nieto, una nieta (la pintora Fanny Palacios Izquierdo), un sobrino…

XII
Alejarse de un lugar tranquilo y apacible para entrar en el tráfago del ruido y las velocidades siempre constituye, para mí, “morir un poco”. Pero por ahora no hay nada más que hacer. Y nos despedimos de mis ancianos anfitriones: René y Juan. Y nos vamos. Y nos fuimos.

Saposoa, 29 de agosto de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

PAISAJES PERUANOS
 “DIEZ MIRADAS DISTINTAS”



FECHAS: MIERCOLES 25 DE AGOSTO AL l 5 DE SETIEMBRE DEL 2010


LUGAR: CENTRO CULTURAL DE LA ESCUELA NACIONAL DE BELLAS ARTES.

Jirón Huallaga Nº 402-Cercado de Lima

lunes, 23 de agosto de 2010

Homenaje a Francisco Izquierdo Ríos en UNMSM

Coloquio internacional sobre su obra
Pocos escritores como Francisco Izquierdo Ríos (Saposoa, 1910-1981, Lima) han recreado tan convincentemente el paisaje y la vida de los hombres de la amazonía. Con una nutrida obra literaria, sobresalió en la narrativa corta, caracterizándose por el vigor y la sencillez de su prosa. Si bien el mundo representado que nos propone abarca la generalidad de la comunidad mestiza de la selva, es la presencia de los niños en sus relatos lo más constante de su literatura, en parte porque cultivó preferentemente la literatura para niños, y en parte, o en todo, por la influencia que ejerció en su creación su labor como maestro de escuela.

Realizó sus primeros estudios en el colegio San José de Moyobamba (hoy Serafín Filomeno) entre 1922 y 1926. Luego se trasladó al Instituto Pedagógico Nacional de Lima, donde obtuvo el título de profesor. Durante esta época, entre los años 1927 y 1930, conoció al amauta José Carlos Mariátegui, con quien colaboró en el dictado de cursos de cultura general en los sindicatos obreros de Lima y Vitarte.

El autor de El bagrecico se desempeñó como docente en Moyobamba (1931-1932), Chachapoyas (1932-1939), Yurimaguas (1939-1940) e Iquitos (1941-1943); fue inspector de enseñanza de la provincia de Maynas (1943) y fue trasladado a Lima como director de la Escuela Nocturna Nº 36, establecida en Bellavista, el Callao (1943-1964).

Una de sus contribuciones más reconocidas ha sido la compilación que publicó -en colaboración con José María Arguedas- sobre Mitos, leyendas y cuentos peruanos (1947) cuando era jefe del Departamento de Folclor creado en la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación; para lo cual profesores de distintas partes del Perú recogieron variantes de diversos textos de literatura popular y ancestral.

Durante diez años ejerció el cargo de jefe del Departamento de Publicaciones de la Casa de la Cultura (1963-1973), gracias al cual se editaron 20 números de la revista Cultura y Pueblo (1964-1970).

En su faceta de creador cultivó un realismo nativista, sin idealizaciones y con agudo sentido de la imaginación, apoyado en un estilo que él mismo propuso como un credo estético: "Escribir de modo natural y sencillo como crece la hierba y que por entre lo escrito se vea la luz de la vida". Destacan, entre otros, sus libros Ande y Selva (1939), Selva y otros cuentos (1949), Cuentos del tío Doroteo (1950), Gregorillo (1954, novela), Los cuentos de Adán Torres (1965), El colibrí con cola de pavo real (1965, cuentos para niños), Sinti, el viborero (1967, narraciones), La Literatura infantil en el Perú (1969, ensayo seguido de una pequeña antología), Pueblo y bosque (1975, ensayos sobre folclor amazónico), César Vallejo y su tierra (1975) y Voyá (1978, cuentos).

Homenaje

El 29 de agosto próximo se cumplen 100 años del nacimiento de este destacado escritor y educador, por lo cual la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a través de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas (FLCH), realizará, el 26 y 27 de agosto, de 3:00 p.m. a 9:00 p.m., el Coloquio Internacional Francisco Izquierdo Ríos, en el Centro Cultural de San Marcos.

A lo largo del encuentro se desarrollarán seis mesas, que abordarán distintos aspectos sobre su obra: Representaciones de la selva en la narrativa de Francisco Izquierdo Ríos (mesa 1), Francisco Izquierdo Ríos y la crítica literaria (mesa 2), Para pensar la tradición oral amazónica (mesa 3), Francisco Izquierdo Ríos, maestro y vallejista (mesa 4), Literatura amazónica: desde Francisco Izquierdo Ríos hasta la actualidad (mesa 5), y Francisco Izquierdo Ríos, un hito en la literatura infantil peruana (mesa 6).

Para el jueves 26, a las 7:00 p.m., está prevista la conferencia magistral de la reconocida estudiosa Ana Pizarro (Universidad de Chile). Asimismo, el coloquio contará con la participación de los docentes sanmarquinos Marco Martos Carrera, Gonzalo Espino Relucé, Antonio González Montes e Hildebrando Pérez Grande.

También, entre otros, de los ponentes Marcos Yauri Montero (Universidad Ricardo Palma), Róger Rumrrill, César Toro Montalvo (Universidad Garcilaso de la Vega), Danilo Sánchez Lihón (UNMSM), Manuel Marticorena Quintanilla (Universidad Científica del Sur), Jesús Cabel Moscoso (Universidad San Luis Gonzaga de Ica), Oscar Colchado Lucio, Jorge Eslava (Universidad de Lima), Jorge Kishimoto Yoshimura (UNMSM) y Gladys Flores Heredia (UNMSM).
La Comisión organizadora está presidida por el Dr. Marco Martos Carrera, decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas (FLCH) de UNMSM, e integrada por Martha Barriga Tello, HIldebrando Pérez Grande, Javier Morales Mena, Jorge Kishimoto y Gladys Flores.

El ingreso a este encuentro es libre. Los asistentes recibirán certificados a nombre de la UNMSM y del Ministerio de Educación.

Informes: FLCH de la UNMSM.
Teléfono: 619-7000 anexo 2802.
http://letras.unmsm.edu.pe/

Ver
http://amazoniamagica.blogspot.com/2010/08/primer-coloquio-internacional-francisco.html

EL AMOR
A LA TIERRA
EN FRANCISCO
IZQUIERDO RÍOS

Danilo Sánchez Lihón

1. Recuerdos
de infancia
Cuando era niño en mi casa paterna, y en la estantería de libros que teníamos, había uno que yo leía con asombro; de pasta lábil y amarillenta, con la estampa de un hombre de rostro rijoso, mirada fija y asombrada.

La imagen de aquel hombre, parecida a la del Quijote de la Mancha tenía la boca agestada y los bigotes en punta, con mechones de cabellos hirsutos y cejas en triángulo, y cuyo autor tenía un nombre de sonido estridente, chirriante, como la campanilla de un cencerro: Francisco Izquierdo Ríos.

El libro se titulaba: "Cuentos del tío Doroteo". No lo había vuelto a encontrar, por más que indagaba, entre las cosas que quedaron de aquella casa que ya solo existe en mi memoria. Ni tampoco lo encontraba mirando toda librería de viejo o de suelo que encontrara. Incluso, en cierta ocasión que lo necesitaba perentoriamente, lo busqué compulsivo en diversas bibliotecas, sin poder ubicarlo.

Ahora, felizmente, tengo una fotocopia gracias al pintor Bruno Portugués y a su esposa, Fanny Palacios, nieta del autor de aquella obra y de otras como Selva y otros cuentos, Papagayo, el amigo de los niños, Gregorillo, El árbol blanco, Mateo Paiva, el maestro.

2. Conjunción
maravillosa
¿Cómo llegó aquel libro a casa? Fue por el año 1950, cuando Francisco Izquierdo Ríos retornaba a Santiago de Chuco, mi pueblo, que visitó por primera vez el año 1946 con el fin de escribir sobre el folclore del lugar, pero más para conocer y sentir la fuerza telúrica y la correspondencia de aquella tierra con la poesía de César Vallejo, a quien él admiraba fervorosamente, ocasión en que escribió el libro César Vallejo y su Tierra, que empieza así, párrafo que he leído embelesado infinidad de veces, envuelto en la música y en el prodigio de aquellas palabras:

Santiago de Chuco –conjunción maravillosa de hombre y de tierra, de paisaje y de espíritu–, ejerce en el visitante una poderosa influencia: aflora de sus entrañas una rara y potente fuerza que todo lo envuelve, lo rebasa. Hay en él de fino, de delicado, como de bravo, de hosco. Árboles y pájaros, rocas y abismos. Madrigal y emoción heroica. Realidad cósmica que explica el brote, la existencia de un genio como Vallejo. Sólo una tierra así ha podido dar un hombre de esa dimensión.

Luz, color, música... Eucaliptos de las huertas que pintan de verde la clara tela del ambiente. Más allá el candor de las campiñas y las gibas amarillas de los cerros y, más allá aún, las agujas de las montañas de la Cordillera Blanca...

3. Un amigo
fraterno
El ejemplar de Cuentos del tío Doroteo, que yo hojeaba de niño estaba dedicado a mi padre con letra azul de lapicero untado en tinta líquida, rasgos armoniosos y parejos, y rúbrica firme.

Mi padre contaba que el autor llegó un día de visita a su escuela, de paredes de barro, techos de teja y jardines de flores que hacían del patio, los corredores y los pilares una paleta de colores encendidos, donde estudió el autor de Los heraldos negros.

Llevaba un maletín lleno de libros, habló con los maestros, se dirigió luego a los niños formados para la ocasión en el patio a quienes arrobó e hizo reír con su palabra encantada. Mi padre lo invitó a almorzar a la casa y fue allí donde él le dedicó el libro que llenó mi infancia de voces de pájaros, del enigma de las montañas, y de alucinaciones por los duendes y tantos otros personajes, entre reales y fantásticos, que lo pueblan.

La imagen que mi padre guardaba de él era la de un ser bondadoso, vital, fresco, vivaz y sonriente. Con muchos caminos bajo los pies, abierto a acoger todos los sueños, quien tenía una cualidad para desplegar ese arte o esa sabiduría de la vida compuesta de maravilla, sencillez y espontaneidad. Fue y se notaba en él a un amigo fraterno.

4. Su grandeza
oculta
Esta estampa coincide con lo que trasuntan sus textos y sus actos, puesto que él hizo de la amistad una religión y de la fraternidad una fe. Era afectuoso, protector y comprensivo; un viajero trashumante, quien conservaba una característica de los maestros antiguos, cual era visitar lugares, salir de paseo, organizar excursiones con sus colegas y alumnos.

Sufrió cárcel por defender las causas del pueblo. Fue apresado en Chachapoyas y conducido a la colonia penal del Sepa, la más feroz del Perú. Nunca perdió su frescura e inocencia. Al contrario, se hizo más humano. En las fotos se transparenta en él a un hombre tierno, de mirada dulce, con un rostro de miel de chancaca.

Vladimiro, su hijo médico, me contaba que le gustaba pescar en los acantilados de La Perla, cerca de donde ellos vivían. Al principio los malhechores del lugar le arrebataron su reloj de oro. Pero luego la gente aprendió a respetarlo.

Se hizo muy amigo y compadre de los ladrones y de toda persona requisitoriada. Un día le devolvieron su reloj, del cual ya se había olvidado. Cuando se demoraba en venir a su casa los mismos bandidos venían a dejarlo, solemnes y respetuosos, al lado de ese hombre en quien adivinaban su grandeza oculta que él no hacía ostensible.

5. En letras
mayúsculas
Era una persona querendona de su pueblo y de su gente. Y muy regionalista, amante de sus costumbres, comida y tradiciones.
De él se cuenta la siguiente anécdota:
Caminando un día por la Lima antigua divisó desde la calle y en una tienda de trastes y cosas antiguas un mapa del Perú que era inmenso, pues colgaba desde las vigas hasta el suelo.

Al verlo tuvo la corazonada, por lo inmenso que era, que allí sí se consignaría el nombre de su pueblo, que nunca aparecía señalado en los mapas del Perú, por lo pequeño que era y por la condición humilde en que se situaba su comarca. Le entró la curiosidad, pidió una escalera para mirar y ver si en él figuraba por fin, tal y cómo lo había intuido, el nombre de su aldea.
Y, ¡oh, portento y quimera! ¡Allí estaba! ¡Figuraba por fin!
Grata sorpresa fue la suya cuando constató que en ese inmenso y viejo plano sí ¡figuraba el nombre de su terruño: Saposoa!, que significa "lugar de sapos". Aquel nombre estaba estampado, además, en letras mayúsculas, aunque muy pequeñas para el tamaño de aquel gigantesco documento, hecho que de todos modos juzgó extraordinario.

6. El tema
de sus evocaciones
Sacó su pañuelo para enjugarse una lágrima, pero después se echó a llorar con la mano puesta en el mapa, lágrimas profusas y sentidas por lo que había encontrado.
De inmediato pidió al tendero que lo enrollara porque iba a comprarlo. Al ver la emoción que le embargara el tendero le cobró una fortuna. A él no le importó pagarlo. Lo hizo sin rebajar siquiera.
Pidió que lo enrollaran y lo llevó directamente a su oficina en el Instituto Nacional de Cultura que ocupaba la Casa Pilatos, cerca de la Iglesia de San Francisco.
Consiguió clavos, martillo, prestó una escalera y él mismo colocó el inmenso y destartalado mapa detrás de su escritorio, en la antigua casona, señorial y vetusta.

Consiguió un carrizo o caña que ocupaba un rincón de la oficina, y que antes de conversar traía siempre y la acomodaba para tenerla a la mano. Con ella señalaba dónde se ubicaba Saposoa, conjunto de casitas que se acurrucaban en un bajío de la provincia de Moyobamba del departamento de San Martín, situado en el extremo superior del Perú, que por fin figuraba en ese mapa, y que casi siempre era el tema de sus evocaciones.

7. Rasparon
las letras
Como en todo fabulador a cada amigo que llegaba le contaba historias de personajes, animales y plantas y señalaba ya sin voltear la arcadia donde todos aquellos mágicos sucesos acontecían. “Y todo eso sucedió en Saposoa”, era la frase con la que concluía todos sus relatos y discursos, e inmediatamente señalaba:

– ¡Tal y cómo figura –enfatiza este hecho– con letras mayúsculas, en el mapa oficial del Perú!

Estas frases eran su dicho, su corolario, su rutina, o la frase de siempre, con la cual rubricaba sus relatos. Y golpeaba con el carrizo, ya sin voltear a mirar el sitio donde ocurrían los sucesos fabulosos que contaba.
Dos amigos suyos que trabajaban con él, cuyos nombres reservo por ser ambos destacados autores literarios, conversaron entre sí de este modo:
– Si borramos el nombre de su pueblo va a tener que sacar este mapa horroroso de aquí de la oficina.
– Y tendrá que botar ese carrizo que también da mal aspecto a la oficina.
Y entonces una tarde en que él no estaba arrimaron muebles y sillas y uno de ellos subió. Ya arriba con una hoja de navaja de afeitar, muy delicadamente, raspó las letras donde decía SAPOSOA.

8. Ya no
figuraba
Ya no existía el nombre de Saposoa, pero se desengañaron aquellos que lo habían borrado, porque él seguía siempre señalando el sitio automáticamente y sus oyentes no se preocupaban en leerlo desde abajo.
Un día ya impaciente uno de aquellos amigos que habían raspado el nombre en el mapa, le dijo:
– Pero ¿dónde está Saposoa, don Francisco?
– Aquí. ¿No lo ves o eres ciego? ¡O quizás eres opa!
– La verdad es que no lo veo, –replicó.
– ¡Aquí está! ¡Donde el mapa consigna, además con letras mayúsculas!
– Yo no lo veo.
– Yo tampoco, dijo el de más allá.
– Tienen que medirse la vista y cambiar de lentes que ya no les sirven. O comer zanahorias, como hacen los conejos.
– ¡Señálenos entonces dónde está pues! ¿Dónde dice Saposoa? A ver, díganos, ¿dónde está?
– ¡Aquí! –Dijo subiéndose a una silla
Y por más que buscó don Francisco ya no figuraba Saposoa en el mapa.

9. Con letras
violentas
– ¡Ah, zamarros! ¡Jijunas! ¡Mal nacidos! –despotricó– ¡Me han borrado el nombre de mi pueblo en el mapa!
– ¿Quién?
– ¡Yo, no!
– ¡Ustedes! ¿Quién más? ¡Desgraciados! ¡Forajidos! ¡Vándalos! –Y con una tabla los perseguía para pegarles.
Tuvieron que desaparecer de la oficina por unos días.
Pero él a la mañana siguiente trajo una brocha, tinta y a todo lo ancho y alto del mapa puso el nombre, para él entrañable, de Saposoa, reafirmando categóricamente con estas letras furiosas su identidad, filiación y pertenencia a su tierra natal.
Hasta que un día le tocó ser directora de la institución a la lingüista Martha Hildebrandt, de carácter exigente, abrupto y lengua larga, quien al entrar y ver el espectáculo de la oficina con el mapa tremebundo, y aún más con esas letras violentas, gritó:
– ¿Qué significa este mamarracho? ¿Qué esperpento es este? ¡Descuelguen esta porquería y arrójenla a la basura! –ordenó a dos guachimanes que la seguían y quienes a manotazos dañaron esa reliquia por obedecer presurosos dicha orden.

10. Unge
sus sienes
Se cuentan tres finales para esta historia, con infinidad de variantes al gusto e incluso ideología, de cada grupo humano, que responden a los intereses de cada corriente de pensamiento y opinión.
Final uno: Hay quienes dicen que don Pancho montó en cólera y le dijo a doña Martha su vida, lo que nadie hasta ahora ha sido capaz de decirle en su cara. Final dos: Otros refieren que permaneció callado, dolido, resentido en el alma y que al día siguiente presentó su renuncia definitiva. Final tres, que, entonces, le dijo:

Oiga usted, como en su caso no tiene aquí raíces, ni quiere, ni tiene entrañas, no sabe lo que significa tener ni querer a un pueblo. Siendo así, ahí tiene su pared, ahí tiene su oficina, ahí tiene su puesto de trabajo, porque me niego a seguir trabajando con alguien que no sabe lo que es el Perú ni sabe lo que es amarlo.

Y presentó su renuncia irrevocable. Y es que la aventura vital de Francisco Izquierdo Ríos es proponer, a través de la limpidez del alma del niño y del hombre andino, un camino nuevo a las “verdades” sociales, políticas, científicas y religiosas que han conducido a nuestras naciones por el abismo y despeñadero.

Y que, a través del niño, encontremos la actitud anímica con que construir sociedades auténticas, unidas y justas. Esta poética convierte a Francisco Izquierdo Ríos en un hito importantísimo en la literatura de la identidad, que hunde sus sueños en los arroyos nativos, humedece su frente en las aguas prístinas y unge sus sienes con los zumos de las flores silvestres y nativas.

Texto que puede ser reproducido citando autor y fuente
Teléfonos: 420-3343 y 420-3860

Obras de Danilo Sánchez Lihón las puede solicitar a:
Editorial San Marcos: ventas@editorialsanmarcos.com
Editorial Bruño, Perú: ventas@brunoeditorial.com.pe
Instituto del Libro y la Lectura: inlecperu@hotmail.com

Enviado por: Luis Rengifo


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domingo, 22 de agosto de 2010

Yarapa: Cuando la selva es escuela 

Para rescatar la memoria cultural de la selva peruana, una ONG creó una escuela de arte en Yarapa, ahí donde nace el río Amazonas. Aquí, su fundador y una de las docentes del proyecto nos cuentan cómo es esta experiencia que inspiró a un francés a filmar un documental sobre lo que sucede en el lugar
Manuel y Luis con una voluntaria de la muestra.


Por SA Journalists.

En la selva peruana existe un lugar llamado Yarapa, ahí donde nace el río más largo y caudaloso del mundo. Hace siete años, en este lugar remoto surgió la idea de crear una escuela de arte que rescatara la cultura más ancestral de la selva amazónica. Sus mentores fueron los integrantes de la ONG Comunidad Tawantinsuyu, una organización sin fines de lucro dedicada fundamentalmente a la investigación, preservación, difusión y práctica del conocimiento ancestral andino y de la medicina tradicional y alternativa, basada en la utilización de plantas que crecen en la selva.

Frack Provvedi y el camarógrafo argentino Henry Rodríguez Ortiz en plena filmación.

Desde entonces, a través de talleres de pintura, cerámica, escultura en madera, teatro y danza, niños y jóvenes del lugar se forman como artistas rescatando las costumbres de su región, preservando la cultura tradicional a través de los mitos y leyendas que les fueron legados por sus ancestros y creando nuevas posibilidades económicas para su comunidad.

El responsable de la ONG, Agustín Guzmán, cuenta que la organización surgió con la idea de “preservar y difundir el conocimiento indígena, un tema que parece no interesar a la clase política dirigente porque no les reditúa dinero”. Guzmán explica que los pequeños y jóvenes que asisten a la escuela de arte por lo general “sienten deseos de explorar en su mundo interior y en el mundo de la amazonia”. Es que Yarapa es un lugar bastante particular. Enmarcado en una quebrada, es allí mismo donde se inicia la Reserva Nacional Pacaya Samiria, una de las áreas protegidas más grandes de Perú. En esta selva es característica la presencia de plantas de uso medicinal –muchas de ellas alucinógenas- que eran utilizadas por los habitantes originarios, tales como wachuma (que fue la bebida principal de los incas y hoy se usa en tratamientos para combatir la depresión, el stress y adicciones al alcohol, cocaína y otras drogas), ayahuasca y hoja de coca.

La escuela trabaja con docentes voluntarios que llegan desde todas partes del mundo. Con los años, fueron pasando por allí un actor francés, una antropóloga italiana, un escultor holandés y otro argentino, y un pintor y una bailarina peruanos, por mencionar sólo algunos.

Una de las docentes de pintura de la escuela fue la artista plástica argentina Aymara Falcón. Llegó a la escuela en 2004 con el plan de quedarse tres meses, pero terminó dirigiendo la escuela hasta fines de 2008. “Llegué invitada por Agustín –recuerda- para aportar mejoras a la escuela de arte, que recién comenzaba. Una vez allí, luego de interiorizarme sobre lo que se estaba haciendo, les sugerí un plan de trabajo dirigido a recuperar a través del arte la memoria del diseño. Fue entonces cuando Agustín me ofreció hacerme cargo del proyecto”.

De su experiencia como docente en esta comunidad amazónica, Aymara destaca sobre todo el aprendizaje que significó “enseñar de adentro hacia afuera, desde el arte indígena hacia el arte occidental”. Dice que esto resulta todo un desafío cuando “lo que se admira, a fuerza del desprecio de lo propio, es lo de afuera”, y que por sobre todo aprecia lo que sus alumnos le enseñaron. “Que hayan encontrado en el arte una forma de expresar sus ritos, sus costumbres y su hábitat” es lo que más la gratifica.

Es curioso cómo el taller de arte ayuda a que los niños y jóvenes transmitan todo lo que conocen de la selva y sus misterios. Aymara cuenta que, un día de clases, cuando se disponía a leerle a sus alumnos un cuento para motivar su trabajo, uno de ellos encontró que el cuento se relacionaba con la flor del ayahuasca. “Nunca había hablado con ellos de esta planta que tanto significado tiene en la cultura selvática –recuerda-, tal vez porque cunde por todos lados esa sombra nefasta que van echando sobre nuestra medicina tradicional. No hablamos de ayahuasca como no hablamos de la hoja de coca ni del wachuma, y si lo hacemos es por lo bajo, no sea que nos señalen o nos acusen de enseñar cosas erróneas a nuestros alumnos”. Lo cierto es que, cuando preguntó al niño qué era el ayahuasca, respondió: “Es una planta que tomas cuando quieres saber algo. Si te robaron, tomas eso y ves quién fue. A la planta la encuentras muy adentro de la selva, la tienes que cocinar mucho rato. Es una liana que se enreda en los árboles y tiene flores rosaditas. A la noche te tomas una taza y después ves todo”. Aymara dice que ese fue uno de los días de clases más prodigiosos y que de ese relato surgieron hermosos dibujos coloreados.

A fines de 2005, dos de los alumnos de la escuela, Junior y Merlín, participaron en el concurso anual del Museo de Arte de Lima, cuyo tema era “Construyendo Identidad a través del Arte”. Junior ganó el Primer Premio de Artes Plásticas dentro de su categoría con una pintura de “una mujer boa que decide si el agua crece o merma”. En ese momento, ambos contaron al periódico peruano El Comercio que pintan para mostrar “cómo es la selva”. Nada más cierto.

El trabajo de los chicos en la escuela (FOTO: GENTILEZA ESCUELA DE ARTE NYI).







LA SELVA DEL RENACER

Hace cinco años, un joven actor ítalo-francés llamado Franck Proveddi llegó a Yarapa de manera casual, buscando hacer una terapia con ayahuasca. Al conocer la escuela de arte, decidió quedarse a dar clases de teatro allí. Su fascinación por el lugar lo hizo regresar, más tarde, en otras dos oportunidades. Y finalmente decidió filmar un documental sobre el lugar y la escuela para difundir su accionar y juntar fondos.

“Quería hacer visibles a los artistas de Yarapa –cuenta Franck-, no sólo quedarme en el acto del voluntariado. El cine resultó ser el medio para llegar a la mayor cantidad de gente. Con esta película quiero decir que con el arte también puedes hacer milagros, que no necesitas consumir plantas medicinales. El arte cura como las plantas. Por eso, en el filme no hablamos de chamanismo o de new age, sino que proponemos una visión de la curación a través del arte. Las pinturas de los chicos son oníricas. Es una escuela de arte para recuperar la dignidad y las tradiciones”. Originalmente titulado La Foret de l’Eveil (La Selva del Renacer), el documental finalmente se llama Yarapa y este año se presentó en el Festival de Cannes para buscar distribuidores interesados en difundirlo en el mundo.

Fuente: America Late
 

sábado, 21 de agosto de 2010

Homenaje a Francisco Izquierdo Ríos
Presentan novela
 “Mateo Paiva, el maestro”

26 de agosto
11 am
Casa de la Literatura Peruana



El Gobierno Regional de San Martín en coordinación con la Dirección Regional de Cultura, están organizado una nutrida programación de homenaje al escritor sanmartinense Francisco Izquierdo Ríos en el marco de las celebraciones del centenario de su nacimiento.

Para el próximo jueves 26 de agosto a partir de las 11 de la mañana en la Casa de la Literatura de la ciudad de Lima, se llevará a cabo el acto académico de presentación de la novela “Mateo Paiva, el maestro”, además del cuento para niños “Ladislao, el flautista”, reeditados por el Proyecto Cultural del Gobierno Regional de San Martín.


Para el acto se ha convocado a los reconocidos escritores Róger Rumrill García y Arturo Ríos Ramírez, quienes estarán a cargo de la exposición sobre la vida y la obra del intelectual amazónico, que ha publicado más de una veintena de obras literarias, cuyo pensamiento, a pesar de los años transcurridos mantienen una vigencia y actualidad.


Francisco Izquierdo Ríos nació en la ciudad de Saposoa el 29 de agosto de 1910 y falleció en Lima en el año de 1981 cuando se desempeñaba como Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas (ANEA). Fue maestro de profesión y estuvo vinculado al periodismo y como tal ha publicado varios números de la famosa revista “Trocha” en la ciudad de Iquitos.


La novela “Mateo Paiva, el maestro” es una denuncia desgarradora al sistema educativo, además del vía crucis de un maestro en las zonas rurales y alejadas del Perú profundo, que a pesar de haber sido escrita en 1968, nos daremos cuenta que nada ha cambiado en el país en materia educativa.
Por ello, es imprescindible volver a leer al autor del clásico cuento “El Bagrecico”, que nos invita a repensar la amazonía, en momentos cruciales para el territorio selvático, cuyas tierras están siendo negociadas al mejor postor a favor de las trasnacionales.


Los amantes de la literatura y los miles de sanmartinenses, loretanos, pucallpinos, están invitados a esta cita en La Casa de la Literatura.  


Enviado por Yolanda Rojas

Ver:
Coloquio Internacional Francisco Izquierdo Ríos
http://amazoniamagica.blogspot.com/2010/08/primer-coloquio-internacional-francisco.html

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jueves, 19 de agosto de 2010

Festival Amo Amazonía en Iquitos




jueves, 15 de julio de 2010

Cuca

Eleazar Huansi Pino

Te voy a contar, Rosita, de la Cuca, una perrita blanca y juguetona a la que he visto desde que la llevaron criita a la casa de un vecino llamado Alberto.

Rosita se acerca un poco hacia mi. Su hermosa y larga cabellera huele a flor de granadilla. Cada vez que estoy con ella, sentado bajo "nuestro" acostumbrado árbol de pomarrosa, siento una feliz y maravillosa tranquilidad. Y ella con su dulce voz maravillosa cantarina me dice:

—Cuéntame, Jorge, voy a cerrar los ojos para oírte calladita.

Ella cierra los ojos. Y yo puedo admirarla. Es tan linda como una selva que amanece. No me atrevo a tocarle sus encendidos labios. Hablándole tan de cerca comienzo mi relato.

—La perrita de la que te hablo, Rosita, había crecido y entrado en época de celo. Don Alberto, que era conocido por su mal carácter y su desfachatez personal, cuando notaba la presencia de perros, salía a su patio como un demente y los espantaba. A veces lo hacia tirando pedazos de palos o terrones de greda que encontraba.

De ese modo a la Cuca le vinieron varios años encima sin poder empreñarse. Hasta que una mañana, el viejo Alberto, como lo llamábamos los muchachos, se puso a tomar aguardiente con un vecino, olvidándose por completo de la Cuca que estaba en celo. Entonces ella pudo salir de la casa y darse una fiesta con el lobo, un joven pardinegro de regular tamaño. Así la Cuca, de vieja ya, parió cuatro cachorritos.

Doña Esther, la mujer de don Alberto, al tercer día del alumbramiento, aprovechando un descuido de la perra, muy temprano hizo desaparecer a las tiernas crías. Se las llevo a regalar a las chozas más lejanas del pueblo.

Don Alberto le había dicho que si no los hacia desaparecer inmediatamente, al día siguiente haría un guisado de perros. La mujer, sabiendo que su marido era capaz de esto, con el dolor de su corazón fue a regalarlos. Dicen que la pobre Cuca buscó como una idiota todo el día, yendo y viniendo y asomándose a los caminos, metiéndose en los bosques, lloriqueando delante de la gente, correteando como loca por las faldas de los barrancos, aullando tristemente desde alguna loma del puerto. De improviso la Cuca dejo de aullar. Frunció las ventanillas de la nariz y las hizo latir con creciente alborozo. Enseguida se dirigió a la orilla y como llamada con mano invisible se metió en la oscura profundidad del agua.

Por la creciente, un caño muy ancho dividía en dos al pueblo de Lupuna. Cuatro veces fue y vino la perra durante la noche, y en cada viaje se traía un perrito en la boca. Y al día siguiente, cuando don Alberto abrió su puerta, estaba la Cuca mirándole dulcemente, con todos los perritos a su lado. Don Alberto se inclino y no sé con que gesto cordial en sus ojos húmedos alargó sus fibrosas extremidades, y, después de pasar delicadamente sus ásperas manos sobre el lomo de los perritos que aún temblaban de frió, los llevó adentro.

Así terminó mi relato. Rosita abre los ojos, sonríe, me mira. Y mientras ella revela una cariñosa sonrisa en sus labios encendidos, yo acaricio su olorosa y blonda cabellera que huele a flor de granadilla.

Publicado por Arturo Rios
Blogger Literatura Amazónica
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