martes, 25 de octubre de 2011

El Tolentón en Saposoa y Tolintón en Piscoyacu

Costumbres antiguas de la ciudad de Saposoa

 Carlos Velásquez Sánchez


Antes en Saposoa, eran las tétricas escenas de los animeros o sacadores de almas y el tolentón, acto alegórico en las calles de ángeles, diablos y muertos. Ambos con ocasión de los Días de Todos los Santos y de los Difuntos el 1 y 2 de noviembre. 

Un demonio con túnica negra hasta la cabeza, largo cordón, arco y flecha, perseguía a cuatro almas, con túnicas blancas y también con cordones colgantes, a quienes trataba de defender un ángel con túnica y alas blancas y un pendón igualmente blanco. Cuando el diablo atacaba a las almas, el ángel se interponía entre aquel y ellas agitando el perdón. Iban así por las calles con un violinista que tocaba y canta lúgubremente:


Que quieres hombre perdido
vivir sumido en el pecado
mira que el mundo te engaña
Y en el Infierno serás quemado
Y las almas respondían:
Tolentón
Tolentón.


El demonio a veces, salía del grupo y simulaba flechar a los espectadores y azotarlos con el cordón (que generalmente lo hacía porque se encontraba borracho), los niños se apretujaban a sus madres llenos de temor.


Miedo, temor, que aumentaba con la noche. Al caer ésta, el Grupo del Tolentón, se dirigía a la casa del Mayordomo, donde se velaba al Cristo de la Agonía y calaveras humanas.



El conjunto fúnebre volvía a recorrer las calles, seguido a corta distancia por mujeres con negras mantas hasta la cabeza y lamparitas de aceite rezando con un gangoso murmullo. Estas mujeres representaban a las ánimas bajadas del Purgatorio. Precisamente, esa noche de todos los santos, víspera del Dìa de los Difuntos, noche siempre tormentosa con relámpagos y truenos, los animeros, ciertos hombres más valientes del lugar (se dedicaban a sacar almas del cementerio o de cualquier paraje tenebroso como barrancos, bosques, invocándoles y tañendo una campanilla y un violín.


Levántense almas benditas a rezar un Padre Nuestro y un Ave María por las almas del Purgatorio. Y las almas salían con un extraño rumor, los animeros con ellas detrás, rezando y tañendo la campanilla y el violín recorrían las calles de la población provocando un cierrapuertas general de espanto, siendo las almas finalmente devueltas a sus lugares de origen después de rezar un momento en la casa del Mayordomo, donde entonces se apagaban todas las luces de las lamparitas de aceite. Uno de los animeros todos los años era el ciego violinista Lizardo Hoyos, guiado por un lazarillo.



Hay un hecho muy curioso vinculado al Tolentòn que sucedió en Saposoa: los tolentones estaban muy borrachos y al pasar frente a la Sub Prefectura se acordaron de los abusos que cometía el SubPrefecto y entraron violentamente danzando a la oficina y le dieron azotes hasta en el suelo al Sub Prefecto, quién luego les hizo perseguir con un gendarme malazo que había, los tolentones en su fuga como estaban borrachísimos, a la altura del Barrio Chontamuyo, se enredaron en sus túnicas largas cayendo a una zanja, allí los apresò el gendarme y a espadazos los llevó a la cárcel. Parece que desde ese incidente se suprimió el Tolentòn en Saposoa.



En Piscoyacu, también se celebraba el Tolentòn, pero los piscoyaquinos le decían el Tolintòn. Un devoto o cabezón (Mayordomo) organiza la velaciòn de los difuntos en su casa, con abundantes licores y panecillos típicos, comidas preparadas de aves de corral. Se vela al Cristo de la Agonìa en un altar donde hay extendida una manta negra con blancas imàgenes de calaveras y huesos humanos. 


La noche del 31 de Octubre danzan los concurrentes frente al altar, al son de un violìn y un didìa (tamborcito y quena) consumiendo a su vez los licores y las comidas. A las 12 de la noche para el baile salen, los concurrentes a recorrer el pueblo, bailando, luego regresan a la casa del devoto a continuar la velada hasta las 6.00 a.m. del dìa 1ro. de Noviembre, estos exhaustos se ponen a descansar, mientras que los niños de 2 a 12 años se reúnen en la casa del cabezón y van en grupos a visitar las demás casas del pueblo, gritando: Ángeles, Ángeles, Ángeles, los moradores les lanzas bolsas de maní, maíz tostado, humitas, tamales, en la creencia de que sus muertos recibirán gracias divinas por esa acción. Y a las 4.00 p.m de ese mismo día 1ro. de Noviembre de la casa del cabezón salen los tolentones: 6 ù 8 personas envueltas en sábanas blancas, con cordones colgados de la cintura, con máscaras o pintarrajeados los rostros y generalmente llevan un bastón, palo labrado o rama con un bodoque de trapo o fruto de huingo amarrado en el extremo superior con el que golpean en la cabeza a los muchachos en las calles, a todos los que encuentran, a los adultos, además les encaran todos sus pecados y van cantando:


El tiempo que yo he vivido

mi cabeza me ha dolido
Tolintón
Tolintón

Esta tonadilla esa acompañada por un violinista con música fúnebre. Los tolentones representan a las almas que estàn penando en el Purgatorio, de donde bajan en la víspera del Día de los Difuntos a la tierra para asustar a los vivientes.

Nota y Fotografía de Tomas Cotrina:

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